MNI LA LIBERTAD: 2012

domingo, 22 de enero de 2012

2012

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2012
Por: Manuel Guerra
 
El año pasado culminó en medio de un proceso político que se complejiza y que conduce a un conjunto de reordenamientos políticos y sociales de impredecibles consecuencias. La matriz de este proceso tiene que ver con la postura del gobierno de Ollanta Humala que, luego de la crisis política catalizada por el manejo respecto al proyecto Conga, evidenció su deslizamiento hacia posiciones abiertamente neoliberales. La caída del gabinete Lerner y la expectoración de personajes ubicados en el espectro de la izquierda no es más que la consecuencia lógica de ello, como lo es el fortalecimiento del Ministerio de Economía y el despliegue de tendencias autoritarias como mecanismo para contener al movimiento popular, con Oscar Valdés a la cabeza.
A estas alturas resulta claro que la política de "crecimiento con inclusión social" no sobrepasará la receta del Banco Mundial que, frente al descalabro social ocasionado por el modelo, recomienda una dosis de asistencialismo para apaciguar descontentos y garantizar la "gobernabilidad", situación que evidentemente no resolverá los grandes problemas acumulados a lo largo de la república y que el neoliberalismo ha profundizado hasta límites insostenibles.
Lo grave es que el candidato Ollanta Humala cautivó a gran parte del electorado con la promesa de la "gran transformación", generando una enorme expectativa que hoy se convierte en desencanto, frustración e indignación. El tema Conga se constituyó en una prueba de fuego para el gobierno, que en lugar de una actitud dialogante  y de escucha a las demandas populares, declaró –en palabras del Presidente Humala- que Conga iría de todos modos, decidió el estado de emergencia en 4 provincias cajamarquinas, intervino al Gobierno Regional, desairó a las autoridades y representantes populares de esa región y optó por el "estilo Valdés", caracterizado por la intolerancia, la amenaza y la imposición. La mesa de "diálogo" instalada sin los verdaderos representantes del pueblo cajamarquino y el peritaje internacional para validar el Estudio de Impacto Ambiental del proyecto de marras, están hoy deslegitimados y desacreditados; y están conduciendo al gobierno por un callejón sin salida a este espinoso problema.
Con lo cual el tema Conga seguirá siendo uno de los aspectos que incidirá poderosamente en el escenario político en el presente año. Su importancia reside en que pone en cuestión el esquema primario exportador de la economía en el marco del modelo neoliberal en el que el capital transnacional es el gran beneficiario. A contrapelo de lo que afirma la propaganda derechista, las bases del actual crecimiento económico no significan desarrollo, sino más bien saqueo de los recursos naturales, brutal deterioro medioambiental, afectación de la calidad de vida de grandes grupos sociales, inequidad en la distribución de la riqueza, colapso del aparato productivo, por tanto insostenible en el largo plazo. En tales condiciones, colocar la actividad extractiva, en especial la minería, como base de la economía, tendrá como una de sus consecuencias el incremento de la conflictividad social.
Son muchos los sectores en conflicto que esperan solución a sus demandas y que en el presente año presionarán de uno u otro modo. En la visión de la derecha se trata de la obra de agitadores a los que hay que reprimir con mano dura, con lo que, de imponerse este criterio, asistiremos a una espiral de creciente autoritarismo que tendrá como blanco a la izquierda socialista y los representantes de los sectores populares.
En este escenario la izquierda tiene enormes retos que asumir, empezando por hacer un balance crítico y autocrítico de su desempeño en el último periodo. La insistencia en años pasados por parte de nuestro partido de la necesidad de articular un bloque de la izquierda con un programa y una estrategia común, y desde este espacio, sin perder la identidad, relacionarse y actuar con otras fuerzas como el nacionalismo; hecho que no tuvo eco. Pesaron más los cálculos de corto plazo y la unidad que se venía construyendo zozobró ante la prueba del proceso electoral. Como es sabido parte de la izquierda fue absorbida por la candidatura de GANA Perú, para luego ser desembarcada; otra parte, sin la fuerza para construir un espacio electoral propio, terminó marginada del proceso. El resultado de todo esto es que en el presente tenemos una izquierda más fragmentada y dispersa que antes del proceso electoral, y lo propio puede decirse de las organizaciones populares.
El escenario hacia adelante se presenta complejo y lleno de dificultades, pero sería un grave error no ver las oportunidades y dejarse ganar por el pesimismo. El reordenamiento político actual está generando vacíos y búsqueda de referentes de vastos sectores populares que mantienen intactas sus aspiraciones de cambio. Las banderas de la gran transformación que le sirvieron a Ollanta Humala para posicionarse electoralmente, no pueden ser abandonadas. Hay que asumirlas consecuentemente. La izquierda tiene un terreno propicio para expandirse a condición de superar la estrechez de miras, convertirse en la portadora de una nueva cultura política, desarrollarse programáticamente como alternativa, y reconstruirse desde las bases. Ha concluido la etapa de pretender la unidad privilegiando los acuerdos en las alturas y optando por la muñeca para ganar la hegemonía. Cajamarca, con la organización del MAS, y con un liderazgo consecuente y unitario, es un buen ejemplo del camino a seguir.
El 2012 resulta un periodo crítico del que la izquierda puede salir victoriosa, convertida en una fuerza que enarbola un modelo de desarrollo sostenible y sustentable para el país, portadora de una nueva cultura política basada en la ética, comprometida con el fortalecimiento de las organizaciones populares, unida desde la base en torno a un programa y una estrategia de largo aliento, es decir una izquierda leal a sus principios. Este es el reto



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